Ana y Filipenses 4:6

Todas hemos pasado por momentos difíciles en nuestras vidas. Momentos que recuerdas y piensas “como salí de esto”. Momentos en los que estuviste mas cerca de Dios y de los que saliste siendo una mujer diferente. Una mujer mas fuerte y un diamante mas pulido. 

Me he tatuado en mi corazón el versículo Filipenses 4:6 “No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho.” 

Siempre que me he encontrado con cargas tan difíciles en las que quiero rendirme recuerdo este versículo. Es fácil recordarlo, pero no es tan fácil hacerlo, especialmente cuando estás mas desanimada que nunca. Y mientras meditaba en ese versículo me acordé de la historia de Ana, la madre de Samuel.  

Ana era esposa de Elcana, pero también Elcana tenía otra esposa, Penina.  Penina si había concebido hijos pero Ana no había podido.  Cada año, Elcana iba al tabernáculo a dar sacrificios a Dios y cuando estas dos mujeres se topaban, Penina se burlaba de Ana y Ana se entristecía al punto de llorar y no querer comer nada. “Año tras año sucedía lo mismo, Penina se burlaba de Ana mientras iban al tabernáculo. En cada ocasión, Ana terminaba llorando y ni siquiera quería comer.” ‭‭1 Samuel‬ ‭1:7‬ ‭NTV‬‬

Me identifico tanto cuando leo este versículo, porque los momentos que fueron muy difíciles para mi, lo primero que hacía era llorar y acostarme en mi cama sin comer y sin ganas de hacer absolutamente nada.  Y si soy completamente honesta lo último que quería hacer era orar. 

Ahora Ana pasaba por esto mismo CADA año, pero lo que me llamó la atención fue como cambió todo después de que hizo esa famosa oración. “Una vez, después de comer lo que fue ofrecido como sacrificio en Silo, Ana se levantó y fue a orar.” ‭‭1 Samuel‬ ‭1:9‬a ‭NTV‬‬

Ana decidió tomar otra alternativa a solo desanimarse y decidió orar y entregar todas sus angustias a Dios. Mientras derramaba su alma en el altar Elí se molesta porque piensa que está borracha al verla mover sus labios pero no escuchar palabras salir de ella.  

Esto me hace pensar en una Ana que estaba tan dolida y tan angustiada que apenas podía abrir su boca. Quiza no tenía ganas de orar, pero creyó y confió en Dios y lo hizo. Quiza su cuerpo solo quería derrumbarse en una cama para llorar, pero ella peleó contra ese sentimiento y se paró en el altar para orarle a Dios. 

Después de esta oración todas sabemos lo que sucede. Dios quita esta angustia de Ana porque le concede tener un hijo, Samuel.  Esa oración y esa decisión de no derrumbarse y de levantarse en oración le dio un Samuel.

Te animo a tomar una alternativa que trae la mejor solución, y es rendirle todo a Dios. Entregárselo en oración. Puede que cambie tu situación de angustía a un Samuel. 


Elisa lloraba desesperada pidiendo su lápiz que su compañero Pancho le había quitado. “¡Maestra me quitó mi lápiz!” Es lo que escuchaba una y otra vez y mientras trataba de explicar el trabajo a otro alumno rápidamente para poder ayudar a Elisa.  Gerardo ya se había adelantado porque cuando subí la mirada y había notado que ya no se escuchaban los gritos, Elisa sostenía su lápiz felizmente. Obviamente esto causó que Pancho comenzara a llorar por el lápiz que no era suyo a lo cual Gerardo respondió de la manera mas bonita y desinteresada que haya visto. Fue hacia su lugar y le dio su lápiz. 

Quiza no sea la historia mas dulce que has escuchado, pero cuando dificilmente habías visto mejoría en Gerardo y ver que suceda algo así, es como el mayor logro de tu vida. 

Dios me ha bendecido con un trabajo que amo. Un trabajo que me permite pasar un poco de tiempo con niños pequeños.  He aprendido tantas cosas y he entendido la responsabilidad que cada padre tiene en casa porque todo se refleja en la escuela.

Te cuento esta pequeña historia porque la vida de este pequeño ha sido difícil y por eso muchas de las cosas que vivió lamentablemente ahora se ven reflejadas en la escuela, al aprender al igual que convivir con sus compañeros.  Es increíble ver como cada cosita negativa que un niño vive, se viene reflejado en la escuela y lo perjudica en todas sus actividades.  Mis hijos aun no van a la escuela, pero creeme que he pensado tanto en mi responsabilidad como madre y como guía de mis hijos. 

Mateo 21:15-16, habla de los niños en la iglesia que comienzan a gritar “alaben a Dios”, y como los líderes se enojaron y le reclamaron a Jesús que hicieran esto porque se podría decir que los niños no estaban 100% maduros o conscientes de lo que estaba pasando y lo que gritaban.  Jesús al contrario, responde que “[Dios], de la boca de los niños perfeccionaste la alabanza.” Los niños confían y creen ciegamente.  Y por eso Dios siempre nos dice que seamos como niños.  Aprenden como esponjas lo que les enseñamos.  Si un niño absorbe solo contiendas o rechazo en casa, no va poder reflejar amor o cariño.  Si enseñamos a nuestros pequeños del amor de Dios, y tenemos un hogar lleno de paz y armonía, esos niños reflejarán solo cosas buenas en donde quiera que estén.  Deutoronomio 6:7 nos dice que debemos instruír en todo momento, al levantarnos, al acostarnos, ¿porque?  Por que es así de importante.  Se vuelve un estilo de vida para ellos y se hace parte de ellos. 

Nunca menospreciemos la responsabilidad que tenemos como madres.  Dios nos ha dado la herencia mas hermosa que es tener hijos, y ahora nos toca ser madres que instruyen que aman y enseñan a sus hijos a estar llenos del amor de Dios y así brillan donde quiera que estén.

Aún es tiempo…


Esperando a que mi esposo saliera del trabajo, me puse a ver una predicación de Joyce Meyer.  Todavía ni empezaba a predicar cuando empecé a preguntarle a mi esposo que cómo alguien puede llegar a ser como ella.  Le decía “es que como puedo ser así, como le hago para predicar así. ¿Que tengo que hacer?  ¿¡Que estoy haciendo con mi vida?!” Ya sabes, empiezas con una pregunta y terminas cuestionando toda tu vida y si en realidad has hecho algo con tu vida. Ya te la sabes, eso de ser mujer.  

  Pero rápido mis pensamientos y mil preguntas se callaron cuando recordé la vida de Jesús cuando caminó esta tierra.  El ministerio de Jesús duró alrededor de tres años. Tres años solamente.  Mi hijo Leo va a cumplir tres años en diciembre y siento como si apenas ayer nació.  Obviamente Jesús vivió una vida llena de Dios, pero en realidad solo tenemos los acontecimientos que sucedieron durante esos tres años que pasó también junto a sus discipulos.  Esos tres años fueron suficientes para ver lo grandioso que es Dios, lo amoroso que es Dios y que no queremos vivir nuestra vida sin Él.   

Es fácil pensar que nuestros mejores años ya pasaron.  Es fácil pensar que el tiempo para servir en la iglesia ya pasó o el tiempo de que ese llamado que sentíamos tan vivo dentro de nosotros se apagó.  ¡Tengo dos hijos pequeños! ¿De donde quieres que saque tiempo para hacer algo mas?  No se ha acabado el tiempo.  El ministerio público de Jesús duró tan solo tres años. Y fue suficiente. Y como lo leí una vez, la vida de Jesús tuvo años ocultos, los cuales no conocemos.  Años de ayuno, de oración, de aprendizaje.  Años que lo prepararon para esos grandes años en los cuales impactó tantas vidas.  Esta temporada que estás viviendo no es para ser menospreciada.  Aún es tiempo, aún sigue tu llamado, no corras, camina, respira, disfruta lo que estás viviendo porque ciertamente ese día llegará.  Su tiempo, yo espero y estoy lista. 

Dios consolador

El ser mamá de dos hermosas criaturas abre tus ojos a un mundo que pareciera totalmente nuevo. Cada día con ellos te da tantas enseñanzas que parecen tan sencillas pero son tan importantes. 

Mis hijos estan en una edad en la que estan descubriendo las actividades que sus cuerpos los dejan hacer y esto implica que hay bastantes caídas o golpes.  Me he fijado que cuando pasan cualquiera de estas dos cosas por mas MÍNIMAS que sean, ellos corren a mamá o papá para recibir consuelo o una simple caricia de que todo está bien.  Me asombra ver como al ellos recibir este consuelo hace que su dolor o miedo desaparezca.  Puede ser un golpe fuerte o puede ser un pequeño golpe pero al ellos recibir ese consuelo de mamá o papá parecen estar como nuevos. Parece como si fueran curados al instante y pueden seguir con su actividad como si nada hubiera pasado. 
Esto me recuerda tanto a Dios.  Dios anhela ese tipo de relación con nosotras, sus hijas.  Pasemos lo que pasemos, sea grande o pequeño, a Él le interesa que nosotros lo veamos a Él como el consuelo y padre a quien corremos.  Así como parece que nosotras tuvieramos superpoderes para “curar” a nuestros hijos, Dios sí tiene superpoderes que hacen que cualquier problema o carga desaparezca. Mateo 11:29-30 “Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma. Pues mi yugo es fácil de llevar y la carga que les doy es liviana.” Dios nos brinda ese descanso que necesitamos y si tan solo vamos con Él así como nuestros hijos vienen con nosotros, podremos descansar. 
Y por último en Job 34:21 dice, “Porque sus ojos (Dios) están sobre los caminos del hombre, y ve todos sus pasos.”  Así como tú observas cada paso que da tu hijo y cuidas su caminar y estás lista para ayudarlo cuando caiga, así Dios ve cada paso que nosotras damos.  Hay que recordar que Dios anhela una relación profunda con cada uno de sus hijos y Él está atento en cada cosa que vivímos. Por más mínima que parezca nuestra situación, Dios es un padre que está con sus brazos abiertos listo para abrazarnos y alentarnos.

Un día en el parque

El otro día en el parque con mis pequeños me encontré en una situación bastante desagradable.  Mi hijo Leo se acercó a unos niños un poco mas grandes que él queriendo jugar con ellos.  Si conoces a Leo sabes que es el niño mas amigable y aunque no puede decir exáctamente que quiere jugar contigo, es mas que obvio con su sonrisa que quiere hacer amigos siempre.  Los niños se le quedaron viendo serios y luego comenzaron a susurrarse en el oído que lo iban a dejar y a la cuenta de tres iban a salir corriendo. Contaron tres y corrieron con todas sus fuerzas para irse lo mas “lejos” de él.  Leo pensó que era un juego y comenzó a correr tras ellos pero siendo un niño de dos años se quedó atrás.  Sentí que se me rompió el corazón al ver la inocencia de como él pensaba que todo era un juego, pero también me dio coraje que esos niños fueran tan groseros y no tuvieran ni un poquito de amor.

  Pensé que esto solo pasaba con los adultos, y cual fue mi sorpresa que estos niños que no han vivido la mitad de cosas que uno de adulto sí, se comporten con la misma malicia. 

Pensé que nunca permitiría que Leo hiciera lo mismo a otro niño en su vida, porque no se siente bonito ser rechazado. Ni cuando eres niño ni cuando eres adulto.  Sé que estas situaciones pueden volver a suceder, pero no por eso voy a enseñar a mi hijo a comportarse de la misma manera al contrario.  Dios nos ha llamado amar al “antipático” al que es difícil amar (Mateo 5:46), y creeme que mi instinto de mamá quizo salir para defender a mi hijo. 

Pero quiero que mi hijo ame a su prójimo como a si mismo, ¿o que no lo dijo Jesús mismo como el segundo mandamiento igual de importante que el primero? (Mateo 22:37-39). Que pueda entender que aunque su prójimo esté desde el punto de vista de Leo en el parque, que solo quiere jugar contigo, o como los niños que no quisieron jugar con él, que los pueda amar. Y que a pesar de que va haber momentos que puedan ser desagradables, él no va dejar de amar a su prójimo.  

Que importante como padres enseñar estos valores.  No solo somos padres que se aseguran que nuestros hijos no meten los dedos en el enchufe o que les damos de comer frutas y verduras, pero que también enseñemos estos principios. Tenemos una gran responsabilidad que no debemos menospreciar. Nunca es demasiado temprano para inculcar estás cosas tan importantes. ¿Por que no enseñar estos valores tan esenciales? ¿O de quién los van a aprender?  No hay que permitir que nuestros hijos se vuelvan esos niños que no quisieron jugar con tu hijo en el parque. 

El hombre rico


Hoy mientras traducía un libro de español a inglés me resaltó un versículo. Mateo 10:21 que es la historia del hombre rico que le pregunta a Jesús que más debe hacer para heredar el reino de Dios. Todos sabemos el final de la historia, Jesús le dice que dé todas sus riquezas a los pobres y lo siga a lo cual el hombre pone una cara de desánimo y mejor se va.  Pero me resaltó un poco más esta vez porque por primera vez me ví a mí en los ojos de ese Jesús, y no porque no quiera dar mis riquezas (porque no es mucho que digamos) pero la manera en que Jesús lo ve al principio del versículo.  Dice: “Jesús miró al hombre y sintió profundo amor por él.” Como si supiera que el hombre no iba aceptar la respuesta de Jesús como respuesta.  Como si supiera lo que ya iba a contestar.  Me recordó tanto a cuando te aferras tanto a una decisión a la cual tu mamá te dice que no, pero tu insistes e insistes que tu mamá simplemente te contesta, “haz lo que quieras.”  Y en ese momento es cuando realmente empiezas a dudar si quieres seguir con tu decisión.  Y si una vez fuiste un adolescente quizá seguiste en marcha con esa decisión y después te arrepentiste porque ya sabemos que las mamás siempre tienen la razón.  
Y así me vi yo.  Vi como me aferro tanto a mi propia fuerza, o a mis resultados premeditados que cuando no salen así siento que Dios no está conmigo.  Pienso las cosas tan logicamente y no siempre tienen una solución lógica porque Dios es un Dios de milagros y un Dios poderoso.  Veo un problema imposible para mí yautomáticamente  asumo que no tiene una solución porque pues, es imposible.  Le pongo esos límites a Dios y me da pavor pensar que Jesús me va dar una solución tan sencilla pero yo voy a estar tan cegada y abrumada que me voy a ir triste pensando que eso no era lo que quería escuchar.  Como si Jesús me estuviera diciendo, “solo te estaba pidiendo que confiaras en Mí, pero eres tan necia y no te voy a obligar, así que ya solo te puedo decir que ‘haz lo que quieras.'”  Y me sigue amando, así como el amaba profundamente a ese hombre rico, pero me perdería de una vida llena de Dios, como el hombre se perdió de vivir junto a Jesús aquí en la tierra.  Me perdería de sus promesas, de sus milagros, de sus bendiciones, de todo lo que Él es, y eso sería lo peor que me pudiera pasar. 

Así que hoy me pongo a meditar en esto, porque no quiero perderme de vivir una vida con Jesús por mi simple necedad de ver las cosas a mi manera y encontrar mis propias soluciones que confiar plenamente en Él. 

Ser mamá…

¿Que es lo mejor de ser mamá? 

Así comenzó una entrevista dedicada al día de las madres. La mujer respondió que simplemente era lo mejor, que disfrutaba pasar todo su tiempo con su bebé y no había nada que lo superara. 

Recuerdo que antes de que fuera mamá siempre que escuchaba esta pregunta sabía que la mamá iba contestar que era el mejor trabajo del mundo y etc etc.  Se me hacía la respuesta mas cliché y me imaginaba a mi mamá cuando yo era adolescente y las veces que la hice enojar o las veces que me porté mal en público y la hice pasar vergüenza(ahora sé lo que se siente) y pensé, “¿enserio eso es el mejor trabajo del mundo?” 

Ahora que soy mamá lo puedo entender. Puedo entender que no solo has cargado un milagro de vida en tu vientre y que la pequeña personita que ahora cargas en tus brazos es exáctamente la mitad tuya y la persona que más amas y es el producto de su amor.  No solo te conviertes en mamá pero te conviertes en la mejor mujer.  De repente tus ojos se abren a un mundo nuevo y quieres ser la mejor que puedes ser.  Te conviertes en una mujer audaz que ya no es tímida, que habla en representación de su familia siempre luchando por lo mejor.  Te conviertes en la mejor cocinera, la mejor enfermera, la persona mas creativa, y de repente te empiezan a brotar todos estos talentos que ni sabías que tenías. Ya no son prioridad tus gustos, tu programa favorito se convierte en su caricatura favorita y te aprendes la canción de lema.  Ahora siempre que vas de compras sales con las manos llenas de cosas para tu bebé porque viste “¡el vestido mas bonito o los zapatos más padres!”.

Y te conviertes en la mejor esposa.  Es como si tu corazón palpitara con más amor y te vuelves más cariñosa, más comprensiva, más paciente.  Te enamoras aún más de tu esposo porque ahora puedes ver su lado de padre, su lado cariñoso y sensible. Ves como algunas facciones o muecas de tu esposo ahora las hacen tus hijos y te enamoras aún más de él. Tu matrimonio llega a otra etapa aún más unida y sólida.  Quieres tener el mejor matrimonio porque sabes que algún día tus hijos se casarán y quieres que ellos también puedan vivir todas estas experiencias que has vivido..

Ser mamá realmente es lo mejor.