Aún es tiempo…


Esperando a que mi esposo saliera del trabajo, me puse a ver una predicación de Joyce Meyer.  Todavía ni empezaba a predicar cuando empecé a preguntarle a mi esposo que cómo alguien puede llegar a ser como ella.  Le decía “es que como puedo ser así, como le hago para predicar así. ¿Que tengo que hacer?  ¿¡Que estoy haciendo con mi vida?!” Ya sabes, empiezas con una pregunta y terminas cuestionando toda tu vida y si en realidad has hecho algo con tu vida. Ya te la sabes, eso de ser mujer.  

  Pero rápido mis pensamientos y mil preguntas se callaron cuando recordé la vida de Jesús cuando caminó esta tierra.  El ministerio de Jesús duró alrededor de tres años. Tres años solamente.  Mi hijo Leo va a cumplir tres años en diciembre y siento como si apenas ayer nació.  Obviamente Jesús vivió una vida llena de Dios, pero en realidad solo tenemos los acontecimientos que sucedieron durante esos tres años que pasó también junto a sus discipulos.  Esos tres años fueron suficientes para ver lo grandioso que es Dios, lo amoroso que es Dios y que no queremos vivir nuestra vida sin Él.   

Es fácil pensar que nuestros mejores años ya pasaron.  Es fácil pensar que el tiempo para servir en la iglesia ya pasó o el tiempo de que ese llamado que sentíamos tan vivo dentro de nosotros se apagó.  ¡Tengo dos hijos pequeños! ¿De donde quieres que saque tiempo para hacer algo mas?  No se ha acabado el tiempo.  El ministerio público de Jesús duró tan solo tres años. Y fue suficiente. Y como lo leí una vez, la vida de Jesús tuvo años ocultos, los cuales no conocemos.  Años de ayuno, de oración, de aprendizaje.  Años que lo prepararon para esos grandes años en los cuales impactó tantas vidas.  Esta temporada que estás viviendo no es para ser menospreciada.  Aún es tiempo, aún sigue tu llamado, no corras, camina, respira, disfruta lo que estás viviendo porque ciertamente ese día llegará.  Su tiempo, yo espero y estoy lista.