Dios consolador

El ser mamá de dos hermosas criaturas abre tus ojos a un mundo que pareciera totalmente nuevo. Cada día con ellos te da tantas enseñanzas que parecen tan sencillas pero son tan importantes. 

Mis hijos estan en una edad en la que estan descubriendo las actividades que sus cuerpos los dejan hacer y esto implica que hay bastantes caídas o golpes.  Me he fijado que cuando pasan cualquiera de estas dos cosas por mas MÍNIMAS que sean, ellos corren a mamá o papá para recibir consuelo o una simple caricia de que todo está bien.  Me asombra ver como al ellos recibir este consuelo hace que su dolor o miedo desaparezca.  Puede ser un golpe fuerte o puede ser un pequeño golpe pero al ellos recibir ese consuelo de mamá o papá parecen estar como nuevos. Parece como si fueran curados al instante y pueden seguir con su actividad como si nada hubiera pasado. 
Esto me recuerda tanto a Dios.  Dios anhela ese tipo de relación con nosotras, sus hijas.  Pasemos lo que pasemos, sea grande o pequeño, a Él le interesa que nosotros lo veamos a Él como el consuelo y padre a quien corremos.  Así como parece que nosotras tuvieramos superpoderes para “curar” a nuestros hijos, Dios sí tiene superpoderes que hacen que cualquier problema o carga desaparezca. Mateo 11:29-30 “Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma. Pues mi yugo es fácil de llevar y la carga que les doy es liviana.” Dios nos brinda ese descanso que necesitamos y si tan solo vamos con Él así como nuestros hijos vienen con nosotros, podremos descansar. 
Y por último en Job 34:21 dice, “Porque sus ojos (Dios) están sobre los caminos del hombre, y ve todos sus pasos.”  Así como tú observas cada paso que da tu hijo y cuidas su caminar y estás lista para ayudarlo cuando caiga, así Dios ve cada paso que nosotras damos.  Hay que recordar que Dios anhela una relación profunda con cada uno de sus hijos y Él está atento en cada cosa que vivímos. Por más mínima que parezca nuestra situación, Dios es un padre que está con sus brazos abiertos listo para abrazarnos y alentarnos.