Un día en el parque

El otro día en el parque con mis pequeños me encontré en una situación bastante desagradable.  Mi hijo Leo se acercó a unos niños un poco mas grandes que él queriendo jugar con ellos.  Si conoces a Leo sabes que es el niño mas amigable y aunque no puede decir exáctamente que quiere jugar contigo, es mas que obvio con su sonrisa que quiere hacer amigos siempre.  Los niños se le quedaron viendo serios y luego comenzaron a susurrarse en el oído que lo iban a dejar y a la cuenta de tres iban a salir corriendo. Contaron tres y corrieron con todas sus fuerzas para irse lo mas “lejos” de él.  Leo pensó que era un juego y comenzó a correr tras ellos pero siendo un niño de dos años se quedó atrás.  Sentí que se me rompió el corazón al ver la inocencia de como él pensaba que todo era un juego, pero también me dio coraje que esos niños fueran tan groseros y no tuvieran ni un poquito de amor.

  Pensé que esto solo pasaba con los adultos, y cual fue mi sorpresa que estos niños que no han vivido la mitad de cosas que uno de adulto sí, se comporten con la misma malicia. 

Pensé que nunca permitiría que Leo hiciera lo mismo a otro niño en su vida, porque no se siente bonito ser rechazado. Ni cuando eres niño ni cuando eres adulto.  Sé que estas situaciones pueden volver a suceder, pero no por eso voy a enseñar a mi hijo a comportarse de la misma manera al contrario.  Dios nos ha llamado amar al “antipático” al que es difícil amar (Mateo 5:46), y creeme que mi instinto de mamá quizo salir para defender a mi hijo. 

Pero quiero que mi hijo ame a su prójimo como a si mismo, ¿o que no lo dijo Jesús mismo como el segundo mandamiento igual de importante que el primero? (Mateo 22:37-39). Que pueda entender que aunque su prójimo esté desde el punto de vista de Leo en el parque, que solo quiere jugar contigo, o como los niños que no quisieron jugar con él, que los pueda amar. Y que a pesar de que va haber momentos que puedan ser desagradables, él no va dejar de amar a su prójimo.  

Que importante como padres enseñar estos valores.  No solo somos padres que se aseguran que nuestros hijos no meten los dedos en el enchufe o que les damos de comer frutas y verduras, pero que también enseñemos estos principios. Tenemos una gran responsabilidad que no debemos menospreciar. Nunca es demasiado temprano para inculcar estás cosas tan importantes. ¿Por que no enseñar estos valores tan esenciales? ¿O de quién los van a aprender?  No hay que permitir que nuestros hijos se vuelvan esos niños que no quisieron jugar con tu hijo en el parque. 

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