Reflexión

“¡Se viene riendo solo mira!” me decía una señora con una sonrisa.  “Que niños tan lindos, que bonita familia Dios los bendiga.” Me dijo y salió de la tienda.  Me dejó pensando tanto esa señora ese día porque si claramente recuerdo estabamos en una tienda con cosas para la casa, bastante cara pero con las cosas mas hermosas.  Recuerdo tener un rostro serio y si alguien me viera pensaría que estaba pensando en algo muy serio o quizá hasta enojada, porque cuando me sonrió feliz de que Leo se venía riendo solo, sentí como mi cara movió todos sus músculos faciales para sonreír.  Me quedé pensando que quizá esa señora pensó por qué estaba tan seria si un niño totalmente desconocido la pudo hacer sonreír a ella y para mí pasaba por desapercibido. Me empecé a sentir mal porque no estaba disfrutando de esos pequeños momentos.  Estaba tan preocupada por otras cosas que olvide disfrutar mis propios hijos. ¿Y cuantas veces no nos sucede esto? ¿Cuantas veces nos estresamos tanto por cosas que realmente son insignificantes? Como la mamá que soy me empiezo a preocupar cuando no tengo todo bajo control. Como mamá que se queda en casa, olvido disfrutar que los tengo conmigo porque a veces pienso que debería de mejor trabajar para comprarnos mas cosas. Y como la mamá exagerada que soy me empiezo asustar y preocupar cuando sé que es una semana ajustada y los niños necesitan ropa para el verano, y necesitamos comprar cosas para la casa (porque que mujer no quiere tener una casa arreglada con unas suculentas en su mesa de centro), y se está acabando el mandado, porque como la mamá exagerada que soy, me imagino que nos vamos a morir de hambre y los bebés solo van a tener una camiseta que les quede.   Pero esa solo soy yo en mi exageración.  El problema es que a veces este tipo de preguntas, cargas, preocupaciones me abruman y hacen olvidarme de disfrutar a mis bebés, porque todos lo sabemos, los bebés crecen tan rápido que en un abrir y cerrar de ojos ya los estás encaminando a su último día de la primaria. Y gracias a Dios que me da la oportunidad de disfrutarlos todo el día ahorita que están pequeños. Gracias a Dios que aunque quizá tengamos que sacrificar algunos lujos que nos dábamos, puedo absorber cada segundo de sus pequeñas pisadas y escuchar sus risas y ser testiga de sus primeras palabras. Ellos no van a recordar la ropa que usaban, no van a recordar lo que comieron aquel día, sino los momentos juntos los momentos que realmente valen la pena.  Debo aprender a ser mas agradecida y de valorar las cosas que realmente importan y las cosas que van a ser de importancia en sus vidas. 

Queremos los mejor para nuestros hijos, pero parece que pensamos que lo mejor  es lo material, lo que se acaba. Y también parece que muchas mamás siempre te dicen que disfrutes mucho a tu bebé porque crecen tan rápido. Espero que esta reflexión te ayude, a veces queremos tener todo bajo control que olvidamos vivir.  Hay que recordar que así como siempre queremos la mejor vida para nuestros hijos, Dios quiere lo mejor para nosotros que somos sus hijos.  No tenemos que tener cada detalle bajo control porque la vida no la controlamos nosotros.  Pero si podemos tratar de ser parte, lo mas que se pueda, de la vida de nuestros hijos y disfrutarlos porque si algo es seguro es que ellos van a crecer y el tiempo no se puede regresar. 

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