La mujer que quiero ser

Todas tenemos ciertas cualidades que anhelamos tener como esposa y como madre.  Yo levanto mi mano cuando dicen la palabra paciencia porque la verdad es una cualidad que anhelo tener muy fijada en mí.  Y también escribo esto hoy después de haber tenido uno de esos días en los cuales reaccionaste de una manera que no querías cuando tu hijo desobedeció y porque discutiste con tu esposo y preferiste irte al cuarto en vez de disfrutar la tarde juntos.  Y cuando pasa eso siempre pienso, hoy no fui la mujer que quiero ser. 

¿Por qué a veces mis frustraciones o un mal día toman lo mejor de mí?  ¿Por qué siento que tengo todo bajo control y mis frustraciones lo suficientemente escondidas pero mi esposo lo nota y me pregunta que me pasa?  Cuando sucede eso me he dado cuenta que es porque no estoy conectada con Dios como lo estoy en otras ocasiones.  Reacciono de mi manera humana; enojada o frustrada porque es lo normal en un ser humano.  Son reacciones normales en nuestro cuerpo mortal, pero cuando estamos conectadas a Su espíritu, sus frutos salen a relucirse porque estamos llenas de ellos; gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio.  Entonces ya mi reacción no es enojarme cuando veo todo el tirarero porque la paciencia del espíritu sobreabunda en mí, y ya no mi reacción es sentirme mal y dejar que mis emociones me hagan pensar mil cosas cuando discuto con mi esposo porque el dominio propio está sobre mis emociones.  Es como si Su espíritu toma control de mí y me vuelvo la mujer llena de las cualidades que deseo tener y me vuelvo la mujer que quiero ser.  Y es lo que sucede, son los frutos de su espíritu, si estamos llenas de su presencia, si estamos llenas de Dios, estos frutos tienen que salir.  

Parece tan sencillo que a veces lo tomamos por desapercibido.  Es tan fácil caer en la rutina del día y sin darte cuenta cae la noche y se ha acabado el día y es una día mas sin esa conexión con Dios.  Y llega ese día en que nuestros cuerpos humanos no pueden mas con las cargas que explotas y todas esas reacciones que nunca quieres que salgan salen.  Tomemos esos momentos de estar en la presencia de Dios, sea leyendo su palabra o meditando en ella, o adorándole en el auto mientras vamos manejando, y así sus frutos salen a relucir en nosotros y nos volvemos esa mujer que tanto queremos ser. 

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