A los maestros…

Hoy te recuerdo,

Como a la pequeña niña que tuviste en clase,

Que llegó tarde por décima vez,

Y que nuevamente regañaste.
Quiza no sabe,

Que cruzamos un largo puente por las mañanas,

Que mi mamá trabaja largas horas,

Y que a veces simplemente está cansada.
Hoy te recuerdo,

Como la maestra que me regaló su comprensión,

La que entendió el dolor que estaba pasando, 

Y me enseñó con paciencia y atención.
Hoy te recuerdo como a la favoritista, 

Que en los peores años de la adolescencia te uniste a mis inseguridades,

Para hecharle porras a las compañeras,

Que dejaron cicatricez y arruinaron amistades.
Hoy te recuerdo,

Como mi ángel,

La que nunca hizo diferencias,

La que se rió de mis rarezas

Y creyó en mi manera de escribir.

La que hizo la adolescencia algo chistoso,

Y me dejó los recuerdos de una gran maestra. 

Los recuerdos de los grandes maestros que he tenido en mi vida se quedan impregnados y me los llevo por siempre.  Es increíble el impacto que puede tener un maestro o maestra sea positivo y negativo.  Y les abro mi corazón un poco con este poema, porque aquellas maestras fueron gran parte de momentos críticos en mi vida.  Y ahora yo ser mamá y saber que un día mis hijos tendrán un maestro, y oro por que Dios ponga a los mejores maestros en sus caminos.  Y decídete desde hoy empezar hacer oraciones por aquellas personas que serán gran parte de la vida de nuestros hijos.  

Las esposas que nunca pasan de moda

  
“Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor.”‭‭Efesios‬ ‭5:22‬ ‭NVI‬‬

Creo que este es el versículo favorito de cualquier esposo especialmente después de una discusión.  Cuando mi esposo y yo hemos discutido, admito que abro mi biblia a este versículo y lo leo como si fuera a encontrar que dice algo diferente como, “pero no seas feo con ella nunca en tu vida, y no subestimes sus sentimientos; o simplemente dale tu tarjeta y dejala que se vaya de compras, ya verás que se le pasará.” Pero no, siempre dice lo mismo.  Y es fácil entenderlo, pero no es tan fácil obedecerlo cuando sientes con toda tu pasión que tienes la razón.  

Personalmente este versículo es un recordatorio importante en mi vida.  Vivimos en tiempos donde es tan fácil de confundir la sumisión de la esposa a su esposo, al machismo.  Y se puede entender, hoy en día tantas mujeres se creen capaz de hacer lo mismo que un hombre o hasta más, y lo vemos constantemente en los derechos que tienen los hombres, en la paga que reciben los hombres en el trabajo.  Siempre es como una competencia de ver quien es mejor, y si a él le dan pues a mí también.  Y poco a poco se han perdido los roles del hogar del hombre y la mujer porque para empezar no siempre hay el papá y la mamá.  A veces solo es mamá y como puede ella toma la autoridad del papá porque no hay uno.  Entonces estos hijos crecen sin haber conocido siquiera una pareja, un hombre y una mujer, y comienzan los patrones en sus futuros matrimonios y los problemas, ¿por qué?  Porque derepente esta mujer que creció sin una figura paterna no entiende por qué debe someterse a su pareja si ella ha sido autosuficiente toda su vida.  O no puede entender porque no se hacen las cosas como ella quiere que se hagan y cuando ella quiere que se hagan.  Dios ha puesto a nuestro esposo como autoridad y debemos honrarlo como tal.  Deja de hacerle caso a lo que dice este mundo.  Por más que quieras decir que la mujer debe hacer lo mismo que un hombre, la respuesta es no. Ambos merecemos el mismo respeto claro, pero no tenemos el mismo rol.  Ya déjale a tu esposo las riendas de la familia, deja de tomar la posición que no te pertenece. Respetemos lo que Dios ha dicho en su palabra de someternos a nuestros esposos como nuestra autoridad.  Y si estas pensando, “mi esposo va cometer un gran error al tomar esa decisión”, déjalo tomarla.  Dios va honrar que tu te sometiste a tu esposo y te va cuidar.  Confía en que el hombre con el que uniste tu vida está pensando constantemente en el bienestar de su familia y que quiere tomar la mejor decisión. 

No dejemos que los modos modernos nos hagan perder los valores que vienen inscritos en la palabra de Dios.  Los mismos que Dios nos dio para usar en nuestras vidas y en nuestras familias.  Pidámosle a Dios ser esa esposa de la que habla, la ayuda idónea de su marido.  La que lo respeta y lo honra y lo ama como a nadie en el mundo. 

La mujer que quiero ser

Todas tenemos ciertas cualidades que anhelamos tener como esposa y como madre.  Yo levanto mi mano cuando dicen la palabra paciencia porque la verdad es una cualidad que anhelo tener muy fijada en mí.  Y también escribo esto hoy después de haber tenido uno de esos días en los cuales reaccionaste de una manera que no querías cuando tu hijo desobedeció y porque discutiste con tu esposo y preferiste irte al cuarto en vez de disfrutar la tarde juntos.  Y cuando pasa eso siempre pienso, hoy no fui la mujer que quiero ser. 

¿Por qué a veces mis frustraciones o un mal día toman lo mejor de mí?  ¿Por qué siento que tengo todo bajo control y mis frustraciones lo suficientemente escondidas pero mi esposo lo nota y me pregunta que me pasa?  Cuando sucede eso me he dado cuenta que es porque no estoy conectada con Dios como lo estoy en otras ocasiones.  Reacciono de mi manera humana; enojada o frustrada porque es lo normal en un ser humano.  Son reacciones normales en nuestro cuerpo mortal, pero cuando estamos conectadas a Su espíritu, sus frutos salen a relucirse porque estamos llenas de ellos; gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio.  Entonces ya mi reacción no es enojarme cuando veo todo el tirarero porque la paciencia del espíritu sobreabunda en mí, y ya no mi reacción es sentirme mal y dejar que mis emociones me hagan pensar mil cosas cuando discuto con mi esposo porque el dominio propio está sobre mis emociones.  Es como si Su espíritu toma control de mí y me vuelvo la mujer llena de las cualidades que deseo tener y me vuelvo la mujer que quiero ser.  Y es lo que sucede, son los frutos de su espíritu, si estamos llenas de su presencia, si estamos llenas de Dios, estos frutos tienen que salir.  

Parece tan sencillo que a veces lo tomamos por desapercibido.  Es tan fácil caer en la rutina del día y sin darte cuenta cae la noche y se ha acabado el día y es una día mas sin esa conexión con Dios.  Y llega ese día en que nuestros cuerpos humanos no pueden mas con las cargas que explotas y todas esas reacciones que nunca quieres que salgan salen.  Tomemos esos momentos de estar en la presencia de Dios, sea leyendo su palabra o meditando en ella, o adorándole en el auto mientras vamos manejando, y así sus frutos salen a relucir en nosotros y nos volvemos esa mujer que tanto queremos ser. 

Soy la porrista de mi esposo

  
Hay papás de todo tipo, los que pasan largo tiempo con sus hijos, los que sólo los pueden ver en la noche después de un largo día; los que sacan a sus hijas a citas, o los que muy apenas pueden pensar en algo creativo que hacer con sus hijos.  Sea cual sea nosotras tenemos un rol muy importante en esto. 

Nuestros hijos pasan la mayoría del tiempo con nosotras y la mayoría de su aprendizaje también viene por nuestra parte. Es nuestro deber hablarles bien de su padre y ser las primeras en hacerlos entender lo mucho que hace papá por su familia.  Quizá tu esposo trabaja largas horas y muy apenas puede pasar tiempo con sus hijos, y para los niños puede ser difícil entender esto.  Así que tú debes enseñarle que aunque parece que papá no siempre está, aún así no hay duda que papá ama a sus hijos. 

Creo que podemos estar de acuerdo en que no todos los hombres demuestran afecto o son tan cariñosos, o su manera de demostrar su amor es muy diferente a lo que nosotras esperamos.  ¿Y por qué no ayudarlo un poquito?  Podemos sugerir ideas, momentos de calidad con sus hijos, no tiene nada de malo.  Muchas veces están pensando en mil cosas que sencillamente se les pasan los días y oh no… pasó otra semana sin leerles su cuento favorito. Y sé paciente, no lo culpes, sus cargas y sus pensamientos son diferentes a los de nosotras.  Nosotras constantemente tenemos un mundo de dudas por nuestros hijos; que si ya comió lo suficiente, ¿tomó suficientes onzas de leche en 8 horas?  ¿Estaré estimulando su cerebro lo suficiente?  Habla muy poco, ¿que si tiene un problema en el habla o tiene la lengua pegada?  Y es normal, somos las mamás, creo que Dios hizo esta manera de como pensamos intencionalmente.  Y podemos ser ese balance en nuestro esposo si tal vez él no es tan intencional con los hijos.  

Y por último, la manera en que te expresas de tu esposo delante de tus hijos.  Recuerda que ellos lo conocen como papá, no como el esposo de mamá que a veces la lleva al límite de explotar. Lo que tu hables de papá es lo que ellos pensarán de él. A pesar de que nuestra pareja a veces se equivoca o a veces tenemos problemas con él, sigue siendo papá, el papá de nuestros hijos. Debe ser muy estresante para un niño escuchar cosas tan negativas de la persona que se supone le debe brindar seguridad, identidad y la que debe ser su héroe. Nuestros problemas con nuestros esposos no son los problemas de nuestros hijos.  Seamos ese puente de nuestros hijos y su padre cuando lo necesitemos ser, la porrista número uno. 

Un mini devocional

  

  Me gustaba pasar mi devocional de una manera muy particular.  Mucho silencio, música de alabanza de fondo, y escribiendo lo que sentía y/o escuchaba. Desde que nació mi primer hijo mi devocional no era tan constante y mucho menos con el ambiente que me gustaba tener. Así que decidí mejor convertir mi devocional en nuestro devocional. 

Cada mañana cuando es hora de nuestro devocional, ponemos alguna de nuestra música favorita cristiana.  A los niños les encanta ver y escuchar los videos de los grupos cantando y saltando y siempre se unen con sus instrumentos a tocar con ellos. Ya para cuando empiezo a poner música mas lenta y más de adoración, ya han sacado mucha de su energía y se quedan un poco más tranquilos.  Ahí es cuando normalmente empiezo a orar o a veces leer.  A veces los devocionales son cortos y a veces son mas largos. A veces los tenemos todos los días de la semana y a veces quizá solo dos días.

Y ha sido una experiencia tan bonita hacer estos devocionales con ellos porque les estás inculcando un hábito tan bueno que van a utilizar el resto de sus vidas.  Es tan bello ver como tu hijo de dos años levanta sus brazos al escuchar esa canción de alabanza que siempre te hace llorar. Y es que no hay duda que fuimos creados por Dios y nuestro ser necesita de Él.  Es tan importante tener esa comunión con Dios y estar pendientes a la voz de Dios.  Bien hemos escuchado que Dios nos habla constantemente pero nosotros debemos aprender a escuchar.  Aunque parezca que son tan pequeñitos y no tienen la noción de lo que está pasando en realidad no menospreciemos el impacto que esto hace en ellos. Recuerdo que mi pastora una vez nos dijo esto y el libro de Raising your kids to love the Lord lo recalca el día de hoy, “Mamás, ustedes son las que ponen la atmósfera en el hogar. Su casa debe ser el campo de entrenamiento donde las lecciones espirituales son enseñadas y reforzadas. Ustedes son las que pueden crear una atmósfera de aceptación, un lugar de paz, y un ambiente de gracia y gozo.” 

Nunca es demasiado temprano para enseñarles a nuestros hijos acerca de Dios, y mucho menos enseñarles hábitos que edifican sus vidas.  Que ellos puedan aprender lo que es la paz porque sobreabunda en el hogar, lo que es la oración porque lo práctican en casa, y lo que es tener una comunión con Dios porque sus madres se lo han inculcado desde que tienen memoria. 

Mamá audaz 

  
Es increíble como tener hijos cambia toda perspectiva en tí.  Especialmente como desata esa madre leona que protege a sus leoncitos.  Quisieras tener las fuerzas de cambiar el mundo entero y hacerlo mejor.  A mi me pasa que hasta cuando veo alguien manejando en exceso de velocidad, quisiera bajarlo de su auto y regañarlo y darles unas buenas lecciones de todos los peligros que hay al manejar así.  Y también me dan ganas de hablarle a su mamá para que le ponga una buena regañada. 
Este sentir nunca se había desarrollado en mí hasta que tuve a mi primer bebé, Leo.  Quería hacer todo lo posible para hacer su vida mejor y que estuviera libre del peligro.  Y vivímos en un mundo espiritual también, entonces no solo queremos proteger a nuestros hijos de este mundo, pero también hasta quisieramos encaminarlos con Dios y ser parte de cada crecimiento espiritual que viven. Pero llega un momento en que esas experiencias tienen un tope para nosotros y se convierte en una experiencia personal para nuestros hijos.  Por mas que quisieramos ser parte de TODO en sus vidas, llega el momento en que simplemente ya no se puede.  Pero en esos momentos nuestras oraciones sirven y nuestras oraciones son importantes. 
Muchas veces hemos escuchado testimonios de jóvenes que regresan a Cristo y cuentan de la audacia de sus madres al constantemente estar invitándolos a la iglesia o a una reunión de jóvenes, o mas aún, de las oraciones incansables que ellas hacían por ellos.  Y es que nuestra oración tiene poder, Santiago 5:16 dice que “la oración del justo es poderosa y eficaz.”  No olvidemos que Dios escucha nuestras oraciones y las contesta.  Y no olvidemos que tenemos una autoridad divina sobre nuestros hijos porque Dios te escogió como mamá de tus hijos para que tu puedas hacer estas oraciones por ellos.
Jason Upton es un líder y cantante que quizá has escuchado alguna de sus canciones.  Y en su grupo de jóvenes durante una reunión cuenta su testimonio.  Decía como fue adoptado y el día que decidió conocer a su mamá, lo primero que le mandaron fue una carta que ella había escrito al entregarlo en adopción.  Cuenta que era una carta de una madre quebrantada que había escrito unas oraciones para su hijo.  Jason Upton dice como cada una de las oraciones se había cumplido y más.  Ella había orado que su hijo iba ser un adorador, y ella sin saberlo después de tantos años, había estado escuchando las adoraciones y alabanzas de su hijo.  ¡Que increíble es esto!
Ana, madre de Samuel, oró con audacia suplicando por la bendición de un hijo.  Y fue un acto abnegado porque también prometió dar su hijo que tanto había anhelado, a Dios.  Y ahora sabemos del gran profeta en el que se convirtió Samuel.  Y todo empezó con esa oración que derramó Ana prometiendo entregar a su hijo a Dios. 
Y por último está la madre de Jacobo y Juan.  En Mateo 20:21, Jesús ya le había hablado a sus discípulos de los acontecimientos que llevarían a su muerte.  La madre de Juan y Jacobo al saber que Jesús iba a resucitar y luego reinar en el cielo le dice a Jesús con una audacia que solo una madre tiene, “ordena que en tu reino de estos dos hijos míos se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda.”  Y si te fijas no le pregunta a Jesús de una manera tímida, ella le dice muy confiada y segura que su propuesta está garantizada.  Y como dijo un pastor acerca de este verso, “solo una madre tendría el valor de pedirle algo así a Jesús,”  y tiene razón.  Nosotras madres queremos y creemos que nuestros hijos merecen lo mejor, hacemos todo lo posible por nuestros hijos.  Y por esto somos las mas indicadas a elevar oraciones para nuestros hijos.  Soñar en un gran propósito que se cumplirá en sus vidas, pedir que dones y talentos se desaten en ellos, y declarar las promesas que vienen en la palabra para la vida de nuestros hijos. 
Pídele a Dios que siempre guíe los pasos de tus hijos.  Que sus próximos maestros y maestras sean instrumentos para su aprender.  Ora que los compañeros y amigos que Dios ponga en su camino sean amistades buenas.  Ora que sean luz donde estén y sean líderes para su generación. 
Y termino con esta cita. “No creo que existen suficientes diablos en el infierno que puedan arrebatar a un niño de los brazos de una madre devota.” -Billy Sunday

Seamos esa madre devota que hace oraciones por sus hijos, la que es temida por el enemigo por su audacia.  La que reconoce la autoridad que tiene sobre sus hijos y la convierte en una responsabilidad de inculcar y enseñar a sus hijos siempre los caminos de Dios.