“Hasta que la muerte los separe…”


Fui educada que el matrimonio debía ser hasta que la muerte los separe. Sin pensar que en el futuro pasaría por el divorcio. Formaría parte de las estadísticas de los divorciados. Lo consideré un fracaso en mi vida. Me ví sola con una niña de casi 7 años.  Yo una mujer que amaba a Dios con una carrera sin terminar.  Todo este tiempo me había dedicado al hogar, al cuidado de mi hija y al servicio de Dios.  Estaba sola, de hoy en adelante caminaría sola con mi hija. 

No quise volver a casa de mis padres. Debía continuar sola con mi hija, Dios sería el único que me ayudaría en este transitar.  Clame por su ayuda económica y espiritual.  Él sería mi provision.  Dios puso en mi camino un bello trabajo que me enseñó mucho y me dio para solventar nuestros gastos. 

Empecé recuperando mi identidad, restaurar mis áreas dañadas por el divorcio. Había sido una niña amada y consentida por mis padres y siete hermanos. Yo era la menor. Ese amor me ayudaba como ser humano cada día de mi vida.  Buscaba a Dios y pedía su dirección,  el estar bien yo (Jeremías 33:3).  Ayudaba a mi hija. El ser sana de sentimientos y el no permitir que a mi corazón entrara algo dañino como amargura, derrota y el no valorarme como persona.  Y tomé decisiones en las que Dios formaba parte.  Perdonar al hombre que ante un altar prometió amor eterno y no cumplió.  Perdonarlo y no decir que todo lo malo era por culpa de él. 

A partir de ahí debía dar ejemplo a mi hija que la marcaría.  Quería que creciera viendo una mujer fuerte, no una mujer cobarde que se la pasara llorando en los rincones, eso no quería para mi hija.  Ante todo debía cuidar su corazón para que creciera sana, saludable.  Debía entender que el divorcio era su papá y yo, y ella era aparte.  Sabía que ella nos amaba a los dos. Podía herirla si le hablaba mal u hostigaba en contra de su papá.  Tenía que luchar por no permitirme hacer esto.  Yo amaba a mi pequeña y quería que fuera feliz.  Así que hablé con si papá y le dije que amaba mucho a mi hija pero que no podía cubrir su lugar, de padre. Que aunque yo me esforzara mucho, yo no lo podría cubrir.  Lo cual no se alejó de ella y siempre estuvo ahí apoyándola. 

Me convertí en la terapeuta, psicóloga, cuidadora de todos sus movimientos y sobre todo su abogada defendiendo sus derechos como hija legítima. Quería verla feliz y no quería que guardara resentimientos contra su padre.  Mi ejemplo sería fundamental para el crecimiento de mi hija.  ¡Debía demostrar que el Dios que conocía era real y poderoso!  Quería que fuera fuerte porque se enfrentaría a un mundo difícil cuando creciera.  Debía tener carácter y el principal ejemplo estaba en su casa al lado de su mamá con quien vivía.  Dios me había escogido a mí para educarla y dirigirla.  Que maravilloso fue reconocer esto.  Disfrute a mi hija en todas sus etapas, siempre juntas.  Ella era y es una bendición.   Herencia que su padre me había dado, la mejor.  Opte por llevar una buena relación con su papá, por el bien de mi hija.  Si Dios nos ha perdonado tanto, ¿porque nosotros no habríamos de perdonar?
Si estás sola con tus hijos no desmayes que Dios te ayudará y sacará adelante.  Como la fuente principal de provisión, y te dará el carácter para cuidar y protegerlos.  Pero no los dañes y acepta lo que estás viviendo y lucha y vence los obstáculos.  Se sabia y disfrutarás al final lo que sembraste.  

El divorcio es de dos no de tres, ni cuatro.  Saquemos a nuestros hijos de la jugada y dejemoslos crecer, en su tiempo y en su momento.  

Siempre le dije a mi hija que el matrimonio era hermoso y Dios lo había instituído para nuestro bien. 

Sé suave…

“Sé suave. No dejes que el mundo te endurezca.
No dejes que el dolor te haga odiar.

No dejes que la amargura te robe tu dulzura.

Estate orgulloso de que aunque el resto del mundo no esté de acuerdo, tu aún creerás que el mundo es un bonito lugar.”

-Iain Thomas

No puede tener mas razón esta cita. Fácil es decepcionarnos ante una traición y escondernos detrás del miedo de no volver a ser tan vulnerables. Fácil es pensar lo peor de las personas para que cuando te fallen no te decepciones demasiado. Fácil es confiarle solo un poco de tí a las demás personas por miedo a que las dejes entrar solo para que terminen perjudicándote. Es mucho mas fácil esperar solo poco de esta vida para que al final de todo no terminemos lastimados esperando que algo más hubiera sucedido. Es tan fácil pensar que cuando alguien te hiere perdonarlos es perder. Pero dejame te cuento una historia verdadera…

Vino un hombre que cambió por siempre el destino de esta tierra. Por años se encargó de amar a las personas, perdonarlas, y darles la clave para poder vivir una vida plena. Una vida que no se puede encontrar en ningún otro lugar. Pero al final de la historia este hombre muere traicionado por una de las personas más cercanas a él. Había abierto su corazón por completo a una persona que terminó aprovechandose de eso para poder traicionarlo. Y este hombre muere. Muere de una manera demasiado injusta, una muerte que simplemente no se merecía. Y ese hombre es Jesús. 

Jesús día a día me perdona a mí. Me tiene paciencia, me recuerda lo mucho que me ama aunque a veces soy la que menos merece escuchar esas palabras. Me ha demostrado un amor incondicional, jamás busca nada a cambio. Por eso mismo yo no puedo ser igual. Yo no puedo amar a medias temiendo a ser lastimada, yo no puedo perder lo suave de mi ser por las asperezas de este mundo. Eso hace la diferencia. El seguir creyendo en algo que parece desaparecer más cada día. El seguir creyendo que un día esta vida terminará pero seguirá una eternidad al lado de Jesús. El que mi vida aquí es solo temporal y no voy a desperdiciar mi vida temiendo a ser decepcionada. Estoy abriendo camino para mis hijos y más que lo que les pueda enseñar con palabras, les estoy dando un ejemplo vivo de lo que puede ser el amor de Dios y no pienso decepcionarlos en eso. Así que decido vivir mi vida siempre reflejando el amor de Dios, que “es paciente y bondadoso.  No es celoso ni fanfarrón ni orgulloso ni ofensivo. No exige que las cosas se hagan a su manera. No se irrita ni lleva un registro de las ofensas recibidas. No se alegra de la injusticia sino que se alegra cuando la verdad triunfa. Nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda circunstancia.”

‭‭1 Corintios‬ ‭13:4-7

Mi hija, ¿mi mejor amiga?


Esta entrada está enfocada hacia las mamás de hijas adolescentes. Ser madre de una hija es algo tan especial. Se forma una conexión inentendible que solo una mamá e hija pudieran comprender. Al fin tienes una mini tú con la que podrás compartir muchas cosas que no podrías compartir con un hijo varón. Sueñas con el día en el que tendrá sus propios hijos y como se entenderán tanto. Pero, ¿cuando estoy cruzando hacia la línea de la amistad y perdiendo mi autoridad como madre? 

Primero definamos lo que es la adolescencia. La adolescencia es el proceso de dejar la niñez para convertirse en un adulto. Es una edad crítica porque en cierta manera la ingenuidad infantil que tenían se está borrando y ahora empiezan a distinguir entre las cosas buenas y las malas, las cosas que les conviene y las cosas que no, como empezar a formar su caracter e identidad. Empiezan a descubrir cosas por si mismas así como comprobar las cosas que sus madres les hemos enseñado por toda su vida. Ahora entienden las razones de los límites que algun día les marcamos como las consecuencias que una mala decisión trae. Y como esta edad es muy crítica e importante, debemos siempre mantener nuestra autoridad como madres. Dios nos ha dado por responsabilidad a nuestras hijas, y un día tendremos que rendir cuentas de ello. La biblia nos afirma la importancia de la disciplina, y que la disciplina significa amor. Porque la disciplina solo busca lo mejor, el mejor camino, las mejores decisiones. Entonces nunca debemos olvidar esto o ponerlo en pausa, es MUY importante. Ahora, tú eres la madre de tu hija. Eres la persona que mas la conoce, que se desveló noche tras noche por ella, la que se preocupa día y noche cuando sabes que algo le está molestando y realmente eres la persona mas importante para tu hija. No seas insegura de eso y pienses que siendo su mejor amiga tendrás un lugar seguro en el corazón de tu hija, porque lo único que pasará es que perderás tu autoridad como mamá y tu hija empezará a perder los límites con los que un día vivió. Comenzarán malas decisiones como por ejemplo; “mi hija tiene prohibido juntarse con ciertas personas o tener un noviazgo pero prefiero que no me lo esconda entonces la dejo” o “mi hija tiene prohibido ir a fiestas donde habrá alcohol, pero si invita algunos amigos a la casa si pueden tomar poquito, porque prefiero que lo haga aquí que aya”. NO. Es una doble moral. Realmente el límite que se ha intentado imponer es basura. No sirve de nada. Debes mantener la firmeza. Entiendo que no es tan fácil, entiendo que quizá estás pensando que si le dices que no, te aplicará la ley del hielo. No te preocupes. No te desanimes. Recuerda que lo estás haciendo por su bien. 

Pero ahora, vámonos al otro extremo. No solo seas una mamá que convive con su hija solo para disciplinar. Que los momentos que intercambian palabras no sean solo los momentos en los que hay un regaño o un reproche. También nuestras hijas anhelan una relación con su mamá donde pueden platicar y reír, llorar y abrazar. Donde pueden salir juntas de compras e intercambiar sus gustos por la moda. Recuerda que hace no tantos años tu hija dependía totalmente de tí, y no podía hacer nada sin tí. Y se que es un poco complicado esto porque ahora que regañas a tu adolescente no se encontenta luego luego como lo hacía cuando tenía 5 años. Pero aún dentro de ella están los recuerdos de todo el tiempo que pasaban juntas y está un deseo por tener una relación con su mamá. Porque antes y después de todo mamá es la confidente número uno, la persona mas fiel del mundo, y la persona que mas nos ama en este planeta tierra. 

Así que mamás, ocupas un lugar muy importante en la vida de tu hija. El lugar que Dios te dio en su vida nadie lo podrá reemplazar. Entonces ahora te estarás preguntando, ¿soy la mejor amiga de mi hija o a lo mejor solo soy la autoritaria? No. Eres su mamá. Y no hay nada mas especial que eso. 

Para mis amigas:


En honor a este día que es festejado por muchas quiero dedicar esta sección a aquellas amigas que son a prueba de fuego, que son mas fieles que un hermano, y que son una fuente de vida. 

“Quien encuentra un amigo fiel, encuentra un tesoro.”

He tenido la gran bendición de contar con personas tan increíbles en mi vida. Son mis amigas. Les digo bendición porque estoy cien por ciento segura que Dios nos unió; para reír, para darnos consejos, para abrazarnos cuando lloramos, para celebrar los triunfos y acontecimientos que hemos vivido. Y podemos ver que Dios ama la amistad. El dio su vida por sus amigos y podemos dar gracias a Dios por este atributo de amistad que nos dio a cada uno de nosotros. Estoy segura que a Él le place ver que tenemos amistades por las cuales también daríamos nuestra vida. “Este es mi mandamiento: ámense unos a otros de la misma manera en que yo los he amado. No hay un amor más grande que el dar la vida por los amigos.”‭‭ Juan‬ ‭15:12-13‬ ‭NTV‬

“Para alegrar el corazón, buenos perfumes; para endulzar el alma, un consejo de amigos.” ‭‭Proverbios‬ ‭27:9‬ ‭DHH‬‬

Dicen los científicos que hay 50% mas probabilidad de sobrevivir a este mundo al lado de buenos amigos. Sir Francis Bacon dijo alguna vez que “la amistad duplica las alegrías, y divide las angustias por la mitad.” Los amigos leales son mejor que un hermano, ¿y como podemos vivir esta vida sin una amistad como esta? 

Y por eso a mis amigas;

Gracias por el consejo honesto que me diste sabiendo que a veces decir la verdad, no es tan fácil. 

Gracias por escuchar las quejas las frustraciones y sentirte igual de triste que yo.

Gracias por atender nuestra amistad cuando a veces yo no la atendía.

Gracias por animarme cuando mas lo necesitaba.

Gracias por celebrar cada acontecimiento de mi vida como si fuera el tuyo.

Gracias porque era mas fácil para las dos quedarme donde estaba y sin embargo te despediste con lágrimas en tus ojos sabiendo que lo mejor estaba en el siguiente capítulo. 

Y mas que nada, gracias por ser siempre fiel. 

Una amistad leal y duradera se tiene que cuidar. Dice un dicho, “algunos creen que para ser amigos basta con querer, como si para estar sano bastara con desear la salud.” Una amistad se fomenta. Una amistad requiere de nuestro tiempo, de nuestra confianza. Para tener un gran amigo también hay que serlo. Así que en este día, si te encuentras dandole gracias a tu amiga por gran amistad o quiza te has dado cuenta que tienes una amistad un poco descuidada, te invito a que vayamos siendo esas amigas que hacen que la vida sea mas fácil de vivir, hacen que todos volteen en el restaurante por las risas que aturden, y hacen que este día del amor y la amistad sea de nuestros favoritos. 

La mamá de Esaú y Jacob

La historia de Esaú y Jacob es una historia de la biblia muy conocida y relatada. Dos hijos que son mellizos que desde el vientre peleaban y Dios le dice a la madre(Rebeca) que serían dos naciones rivales, que una sería mas fuerte que la otra y…que el mayor serviría al menor.  Ahora, quiero que recuerdes esa profecía que Rebeca había recibido, mas adelante la veremos. Si seguimos con la historia, el padre(Isaac), está ya anciano y quiere dar su bendición a su hijo mayor(Esaú) antes de morir. Rebeca escucha todo esto y siente un cierto celo que la hace decidir engañar a su esposo haciendo que Jacob, quien era el menor, se hiciera pasar como Esaú para que pudiera recibir la bendición. Ahora, hay que ver que esto era muy común para los primogénitos, ser bendecidos por sus padres. Si leemos el capítulo 25 de Génesis podemos darnos cuenta que Isaac era mas apegado a su hijo mayor, Esaú, y Rebeca era mas apegada a su hijo menor, Jacob. 
Pudo haber sido una manera en que Rebeca quería que su hijo menor fuera bendecido y también quiza que no fuera menospreciado, porque nos podemos dar cuenta que los mellizos eran muy diferentes. Simplemente sus intereses y habilidades se daban en diferentes cosas y por eso Esaú se podía relacionar a su papá y Jacob con su mamá. Pero Rebeca decide engañar a su propio esposo para que uno de sus hijos (que oye, Esaú también es su hijo) recibiera la bendición que no era para él. Wow. No sé cuantas veces he escuchado o leído esta historia, pero cada vez me hace enojar. Ahora que tengo dos hijos puedo ver como la manera de expresar mi amor a ellos si puede ser diferente, es el mismo amor, pero se expresa diferente porque por ejemplo, Alessandra es mas apegada a mamá y Leo es más independiente. A veces tengo que ser yo la que abraza a Leo y le dice que lo amo y Alessandra al contrario, siempre quiere estar conmigo y es mas cariñosa. Pero pensar que un día haría lo que hizo Rebeca realmente me parte el corazón. 
Estoy segura que su intención no fue mala, quería lo mejor para su hijo. Y veo que muchas veces como mamá hacemos esto. Pensamos que hacemos lo mejor para nuestros hijos al dejarlos tener libertad de salir a donde quiera, o no ponerles límites o sobreprotegerlos. Y que triste. Porque como Jacob, él tuvo que huir. Tuvo que escapar y estar lejos de su familia. La familia de Rebeca se desintegro a causa de esto. 
¿Recuerdas la profecía que recibió Rebeca? Dios nos conoce perfectamente. Dios conoce nuestros planes, nuestro futuro. Dios sabía lo que iba pasar un día con Jacob. Que triste pensar que esta profecía le debió haber traído paz a Rebeca al pensar que su hijo menor no iba a recibir la bendición del padre. Que triste pensar que Rebeca no pudo creer que a pesar de que Esaú recibiera la bendición del papá en vez de Jacob, que aun así, Dios iba cumplir Su propósito en Jacob. Yo no quisiera ser así. Yo quisiera creer que Dios va hacer cosas mas grandes en la vida de mis hijos. No quisiera tratar de hacer las cosas por mis propias fuerzas. 

Las buenas noticias son que, a pesar de todo lo que pasó, el plan de Dios si se cumplió en la vida de Jacob. No fue cuando recibio la “bendición” del primogénito, fue en el tiempo de Dios. Y hasta este día Dios se dice el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Lo prometido se cumplió. Dios cumple sus promesas. Que esto nos despierte. Dios quiere hacer cosas grandes en nuestros hijos, pero no cometamos el error que comete Rebeca. Seamos sabias y guiadas por Dios para ser buenas mamás.

Soy mamá, pero también soy esposa


Me enorgullece decir que soy mamá. Creo que es porque siento que soy buena en eso. Me encanta estar actualizandome en todas las cosas nuevas que hay para niños pequeños y leer todo lo que pueda acerca de su desarrollo e inteligencia, sin mencionar que tengo dos pequeños. Asi que me siento confiada cuando se trata de hablar de cosas de mamá. Ahora, debo admitir que no siempre soy la mejor que puedo ser como esposa. Creo que es fácil dejar como segundo lugar mi rol de esposa porque es fácil pensar que como somos dos adultos que entendemos que tener hijos absorbe la mayoría del tiempo “mmm pues después platicamos y después nos actualizamos.” Pero he comprendido que tan grande error es. Nuestro matrimonio es el vínculo mas grande e importante de nuestra casa y no se puede descuidar. Mi esposo debe ser mi número 1. Claro que es justificable que las primeras semanas, si no es que los primeros meses de tener un bebé nuevo en casa la prioridad sea el bebé…y dormir. (Lo entiendo, no salí de mi casa los primeros tres meses del nacimiento de Leo, y tampoco salí de mis pijamas). Pero hay que recordar que antes de ser mamá, también fuimos esposas. Antes de ser una gran mamá también fuiste una gran esposa, y puedes seguir siendo.
 Ojalá y pudiera decirte que mi esposo y yo tenemos citas semanales para pasar tiempo a solas, pero simplemente en esta temporada de nuestra vida eso es casi imposible. Lo que si he aprendido es hacer esos pequeños momentos en los que podemos estar “solos”(osea que los niños están dormidos o están con los abuelos mientras estamos con el ministerio) de calidad. Ser intencional en demostrarle a tu esposo por esas cortas horas lo mucho que lo amas, y lo mucho que disfrutas estar con él. No siempre tienen que ser esas citas a cenar, pero una pequeña notita que dice “te amo” o su comida favorita cuando llega cansado del trabajo. Él también necesita a su esposa, aunque a veces sea tan fácil estar en modo mamá. 

Ana y Filipenses 4:6

Todas hemos pasado por momentos difíciles en nuestras vidas. Momentos que recuerdas y piensas “como salí de esto”. Momentos en los que estuviste mas cerca de Dios y de los que saliste siendo una mujer diferente. Una mujer mas fuerte y un diamante mas pulido. 

Me he tatuado en mi corazón el versículo Filipenses 4:6 “No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho.” 

Siempre que me he encontrado con cargas tan difíciles en las que quiero rendirme recuerdo este versículo. Es fácil recordarlo, pero no es tan fácil hacerlo, especialmente cuando estás mas desanimada que nunca. Y mientras meditaba en ese versículo me acordé de la historia de Ana, la madre de Samuel.  

Ana era esposa de Elcana, pero también Elcana tenía otra esposa, Penina.  Penina si había concebido hijos pero Ana no había podido.  Cada año, Elcana iba al tabernáculo a dar sacrificios a Dios y cuando estas dos mujeres se topaban, Penina se burlaba de Ana y Ana se entristecía al punto de llorar y no querer comer nada. “Año tras año sucedía lo mismo, Penina se burlaba de Ana mientras iban al tabernáculo. En cada ocasión, Ana terminaba llorando y ni siquiera quería comer.” ‭‭1 Samuel‬ ‭1:7‬ ‭NTV‬‬

Me identifico tanto cuando leo este versículo, porque los momentos que fueron muy difíciles para mi, lo primero que hacía era llorar y acostarme en mi cama sin comer y sin ganas de hacer absolutamente nada.  Y si soy completamente honesta lo último que quería hacer era orar. 

Ahora Ana pasaba por esto mismo CADA año, pero lo que me llamó la atención fue como cambió todo después de que hizo esa famosa oración. “Una vez, después de comer lo que fue ofrecido como sacrificio en Silo, Ana se levantó y fue a orar.” ‭‭1 Samuel‬ ‭1:9‬a ‭NTV‬‬

Ana decidió tomar otra alternativa a solo desanimarse y decidió orar y entregar todas sus angustias a Dios. Mientras derramaba su alma en el altar Elí se molesta porque piensa que está borracha al verla mover sus labios pero no escuchar palabras salir de ella.  

Esto me hace pensar en una Ana que estaba tan dolida y tan angustiada que apenas podía abrir su boca. Quiza no tenía ganas de orar, pero creyó y confió en Dios y lo hizo. Quiza su cuerpo solo quería derrumbarse en una cama para llorar, pero ella peleó contra ese sentimiento y se paró en el altar para orarle a Dios. 

Después de esta oración todas sabemos lo que sucede. Dios quita esta angustia de Ana porque le concede tener un hijo, Samuel.  Esa oración y esa decisión de no derrumbarse y de levantarse en oración le dio un Samuel.

Te animo a tomar una alternativa que trae la mejor solución, y es rendirle todo a Dios. Entregárselo en oración. Puede que cambie tu situación de angustía a un Samuel.