Se necesita todo un pueblo para criar un niño

¿Que impotencia sientes al saber que otro adolescente acaba de terminar con su vida? Ahora, ¿que impotencia sientes al saber que fue a causa del bullying?

Tristemente es la realidad. Y tristemente el número de jóvenes que hacen esto va incrementando. Esto nos debe alertar. Nos debe prender una alarma interna de qué está pasando con nuestros hijos. Y con esto hay dos preguntas que deberíamos de hacernos. ¿Es mi hijo el acosador? O, ¿es mi hijo el acosado?

Vamos con la primera pregunta. Debemos estar alerta hacia los comportamientos de nuestros hijos. Muchísimas cosas pueden activar estás características de un bully en nuestros hijos. El no respetar autoridades comienza desde una temprana edad, y es vital poder establecer ese respeto hacia sus autoridades desde siempre. Es triste ver que en ocasiones los maestros alertan a madres de familia sobre estas características para poder lograr corregirlo pero las mamás, en vez de trabajar como equipo junto con el maestro, toman esto como ofensa y se ciegan ante la idea que su hijo pudiera actuar así, y sigue el comportamiento sin ser corregido. De acuerdo a estudios psicológicos, los bullies son productos de un auto-estima muy elevado. Cuando este tipo de personas se sienten insultadas de alguna manera su reacción es agresiva y es desobediente para ellos sentirse nuevamente superior. Y todo esto viene del hogar. A veces dejamos que estos detalles pasen desapercibidos porque no los vemos amenazantes. A veces relacionamos la edad y las actitudes como algo indefenso. “Ay pobrecito rasguñó a su maestra pero es que solo tiene cuatro años.” Y asi crece el niño pensando que siendo desobediente y agresivo hacia sus compañeros y autoridades es la manera de conseguir lo que quiere.

“La necedad está ligada al corazón del niño; la vara de la disciplina la alejará de él.” Proverbios 22:15 LBLA. No es necesario enseñarle a un niño que sea necio o que aprenda a mentir. Solo lo hace y podemos culpar el pecado que entró desde la fundación de Adán y Eva, pero eso no quiere decir que debemos dejar ese comportamiento sin ser corregido. Tenemos la autoridad como mamás de cambiar y dirigir los pasos de nuestros hijos cuando son pequeños. “Corrige a tu hijo y te dará descanso, y dará alegría a tu alma.” Proverbios 29:17 LBLA. Que satisfacción trae a nuestro corazón el poder llegar a la escuela de nuestros hijos sabiendo que la maestra nos va dar una buena nota de él. Es un alivio como dice la biblia.

Ahora, para contestar la segunda pregunta; lamentablemente hay niños que suelen ser un poco más débiles y fácil de verse como “presa fácil”. Y muchos son los factores; abandono, divorcios, padres muy estrictos, padres sobreprotectores. Y es importante estar al pendiente de sus actitudes, de sus cambios de ánimo porque esto puede ser una alerta de algo que esté pasando en la escuela o en algún otro lado. Mas importante es poder alzar su auto-estima. Poder recordarles que los amamos, que son importantes, que son hijos deseados. Necesitan escuchar esto, a veces pensamos que es obvio que nuestros hijos saben que los amamos, pero nunca está de más decirlo. Seamos mamás presentes en sus vidas, alertas a cualquier cambio. Mamás que brindan esa seguridad en ellos. Tampoco menospreciemos ayuda psicológica, terapia, todo ese tipo de ayuda. Un dicho africano dice, “se necesita todo un pueblo para criar un niño”, nuestros hijos pasan tanto tiempo con sus maestros, que bonito sería poder trabajar en equipo y poder usar cada herramienta que se nos brinda, por medio de maestros, asesores o psicólogos. No esperemos a que sea demasiado tarde.

“Los hijos son un regalo del Señor; son una recompensa de su parte.” Salmos 127:3 NTV

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Acepta el dolor


1 Pedro 1:7

A finales de agosto me dio un virus tan fuerte que terminé postrada en una cama sin poder comer ni tomar agua porque aun esas cosas eran extremedamente dolorosas. Hay algunas cosas que pude ver con una perspectiva diferente cuando estaba ahí en la cama postrada tan inábil y tan débil que espero pueda traer ánimo a tu vida el día de hoy.

A veces estamos tan enamoradas de la idea de ver a Jesús como un rescatista, asi como la maquinita que saca monos de peluche, así nos imaginamos a Jesús en tiempos de dolor, que nos va a quitar y teletransportar a una situación mas agradable. Pero lo que no hemos entendido es que Jesús no anhela mas que nada que estar a nuestro lado cuando estamos sintiendo dolor. Lo que mas desea Él es poder estar con nosotros para poder animarnos, consolarnos, abrazarnos, porque si alguien entiende y ha sentido dolor, es Jesús. 

Es inevitable hacernos esta pregunta cuando pasamos un tiempo doloroso y es, “¿por qué?”

Sin dolor no sabemos que estamos enfermos. Es necesario sentir el dolor para saber que nuestro cuerpo no está funcionando al máximo, que está enfermo. Somos mamás, si no fuera porque una enfermedad nos tumba y detiene de hacer los quehaceres, o andar tras de nuestros pequeños todo el día, no nos detendríamos. Y esa es una manera en que nuestro cuerpo nos da la alerta de cuidarlo, porque sinó sintieramos este dolor, jamás tomaríamos el tiempo de ir a sanarlo. Y es igual con nuestro cuerpo interior, nuestro espíritu, te has estado sintiendo desanimada, frustrada, deprimida, y no entiendes el porqué. Pero no te has dado cuenta que asi como nuestro cuerpo físico da una alerta cuando está enfermo también nuestro espíritu nos está diciendo, “ey, estoy enfermo.” Y ahí es el momento perfecto para evaluar si estamos cuidando nuestro espíritu y con que lo estamos alimentando, porque así como necesitamos cuidar nuestro cuerpo físico, así también nuestro espíritu. 

También no te ha pasado que cuando te quiebras un hueso o por alguna razón no puedes usarlo el momento que lo puedes usar, ¿es como si fuera algo totalmente nuevo? Como si nunca te hubieras dado cuenta de que tenías un brazo, o una pierna, o que ya puedes saborear la comida. Como si creara una sensación tan grande, como si estallara algo dentro de tí. A veces es necesario pasar por dolor para poder darte cuenta o recordar que dentro de tí existía un don, o dentro de tí existía un sueño que ya ha sido olvidado. Hemos leído las biografías de personas exitosas que desde que pasaron en su vida un punto crítico de dolor, los impulsó a llegar al éxito donde están. Por ejemplo, Kylie Jenner. La super exitosa vendedora de cosmeticos. Cuando era una adolescente existía en ella una pasión por el maquillaje, pero no fue hasta que un chico que le gustaba mucho le dijera que tenía los labios muy pequeños y pensaba que no sabría besar que realmente estalló algo dentro de ella por los labiales. Esto causó una grande inseguridad en ella y dolor que se obsesionó por buscar labiales y delineadores del mismo color para poder pintar sus labios mas grandes sin que fuera obvio. Y ahora vende millones de labiales. Fue un punto crítico de dolor que la impulsó a un nivel mayor. A veces es necesario el dolor para impulsarnos a más.

Y por último, el dolor nos debilita. Y cuando somos débiles entonces Él es fuerte. Cuando somos tan inábiles, tan dependientes de alguien mas, es cuando Dios entonces puede llegar y llenarnos de Él. Entonces el dolor por mas que sea algo terrible, y algo que nunca va a ser placentero, podemos estar confiadas que en esos momentos de debilidad, entonces Él se va a glorificar. 

“En tres ocasiones distintas, le supliqué al Señor que me la quitara. Cada vez él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad». Así que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí. Es por esto que me deleito en mis debilidades, y en los insultos, en privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo. Pues, cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

‭‭2 Corintios‬ ‭12:8-10‬ ‭NTV‬‬

“World’s okayest mom”


Saliendo de una tienda me encantó una calcamonia pegada en una camioneta que decía “world’s okayest mom.” La calcamonia mas sincera que he visto en mi vida. Si soy sincera quisiera decir que soy la mejor mamá del mundo, pero lamentablemente no lo soy. A veces no conozco la paciencia, o no demuestro el suficiente afecto hacia mis hijos y luego me siento culpable. A veces, como hoy, tu hijo de tres años se tragó un anillo de plástico, y tuviste que llevarlo a sacar una radiografía sabiendo que el doctor estaría juzgandote internamente seguramente por haber permitido que tu hijo de tan solo tres años de edad se haya tragado un anillo. Y no es la primera vez que accidentes que son totalmente prevenibles suceden en mi hogar. Y que tan difícil es sentirte una buena mamá cuando pasan estas cosas. En el camino al doctor venía cuestionando mis abilidades como madre, que quizá era la peor, que como podía ser posible que permitiera que esto pasara en mi casa, que tal vez no tenía la capacidad para ser una buena madre, porque quien en su grandiosa vida de madre ha dejado que su hijo se trague algo, o se caiga de la cama, o ese tipo de cosas, ¿verdad?

Y como me habló esto a mi vida como hija de Dios. Muchas de nosotras nos vemos así. Juzgamos tanto nuestros errores que dejamos que definan nuestra vida. Cometemos errores que son prevenibles y pensamos que porque los cometimos ya no somos dignas de disfrutar de una vida con Dios, con sus promesas, con sus bendiciones. Pensamos que por que nuestro caminar con Dios ha sido inconstante el resto de esta carrera será definida por esa inconstancia. Encerramos todo nuestro entorno de hijas de Dios en los errores que hemos cometido y muchas veces eso nos ha detenido ha seguir al siguiente paso o comprometernos más con Dios. Pero jamás vuelvas a culparte de esa manera.  Esta carrera es por el resto de nuestras vidas, el camino no será fácil siempre pero debemos seguir, siempre hacia la meta. Voy a cometer errores como mamá así como hija de Dios porque soy humana y no perfecta, pero no voy a permitir que esos errores me detengan de ser la mejor mamá que puedo ser para mis hijos. Voy a aprender de mis errores y voy a seguir adelante. Lo mejor de todo esto es que no estamos solas, está Dios con nosotros siempre animándonos y motivándonos a seguir.  Siempre el primero en decirnos que “si podemos y Yo creo en tí,” y mas importante no nos define por nuestros errores, Él los perdona y olvida cada uno de ellos. 

“Hasta que la muerte los separe…”


Fui educada que el matrimonio debía ser hasta que la muerte los separe. Sin pensar que en el futuro pasaría por el divorcio. Formaría parte de las estadísticas de los divorciados. Lo consideré un fracaso en mi vida. Me ví sola con una niña de casi 7 años.  Yo una mujer que amaba a Dios con una carrera sin terminar.  Todo este tiempo me había dedicado al hogar, al cuidado de mi hija y al servicio de Dios.  Estaba sola, de hoy en adelante caminaría sola con mi hija. 

No quise volver a casa de mis padres. Debía continuar sola con mi hija, Dios sería el único que me ayudaría en este transitar.  Clame por su ayuda económica y espiritual.  Él sería mi provision.  Dios puso en mi camino un bello trabajo que me enseñó mucho y me dio para solventar nuestros gastos. 

Empecé recuperando mi identidad, restaurar mis áreas dañadas por el divorcio. Había sido una niña amada y consentida por mis padres y siete hermanos. Yo era la menor. Ese amor me ayudaba como ser humano cada día de mi vida.  Buscaba a Dios y pedía su dirección,  el estar bien yo (Jeremías 33:3).  Ayudaba a mi hija. El ser sana de sentimientos y el no permitir que a mi corazón entrara algo dañino como amargura, derrota y el no valorarme como persona.  Y tomé decisiones en las que Dios formaba parte.  Perdonar al hombre que ante un altar prometió amor eterno y no cumplió.  Perdonarlo y no decir que todo lo malo era por culpa de él. 

A partir de ahí debía dar ejemplo a mi hija que la marcaría.  Quería que creciera viendo una mujer fuerte, no una mujer cobarde que se la pasara llorando en los rincones, eso no quería para mi hija.  Ante todo debía cuidar su corazón para que creciera sana, saludable.  Debía entender que el divorcio era su papá y yo, y ella era aparte.  Sabía que ella nos amaba a los dos. Podía herirla si le hablaba mal u hostigaba en contra de su papá.  Tenía que luchar por no permitirme hacer esto.  Yo amaba a mi pequeña y quería que fuera feliz.  Así que hablé con si papá y le dije que amaba mucho a mi hija pero que no podía cubrir su lugar, de padre. Que aunque yo me esforzara mucho, yo no lo podría cubrir.  Lo cual no se alejó de ella y siempre estuvo ahí apoyándola. 

Me convertí en la terapeuta, psicóloga, cuidadora de todos sus movimientos y sobre todo su abogada defendiendo sus derechos como hija legítima. Quería verla feliz y no quería que guardara resentimientos contra su padre.  Mi ejemplo sería fundamental para el crecimiento de mi hija.  ¡Debía demostrar que el Dios que conocía era real y poderoso!  Quería que fuera fuerte porque se enfrentaría a un mundo difícil cuando creciera.  Debía tener carácter y el principal ejemplo estaba en su casa al lado de su mamá con quien vivía.  Dios me había escogido a mí para educarla y dirigirla.  Que maravilloso fue reconocer esto.  Disfrute a mi hija en todas sus etapas, siempre juntas.  Ella era y es una bendición.   Herencia que su padre me había dado, la mejor.  Opte por llevar una buena relación con su papá, por el bien de mi hija.  Si Dios nos ha perdonado tanto, ¿porque nosotros no habríamos de perdonar?
Si estás sola con tus hijos no desmayes que Dios te ayudará y sacará adelante.  Como la fuente principal de provisión, y te dará el carácter para cuidar y protegerlos.  Pero no los dañes y acepta lo que estás viviendo y lucha y vence los obstáculos.  Se sabia y disfrutarás al final lo que sembraste.  

El divorcio es de dos no de tres, ni cuatro.  Saquemos a nuestros hijos de la jugada y dejemoslos crecer, en su tiempo y en su momento.  

Siempre le dije a mi hija que el matrimonio era hermoso y Dios lo había instituído para nuestro bien. 

Sé suave…

“Sé suave. No dejes que el mundo te endurezca.
No dejes que el dolor te haga odiar.

No dejes que la amargura te robe tu dulzura.

Estate orgulloso de que aunque el resto del mundo no esté de acuerdo, tu aún creerás que el mundo es un bonito lugar.”

-Iain Thomas

No puede tener mas razón esta cita. Fácil es decepcionarnos ante una traición y escondernos detrás del miedo de no volver a ser tan vulnerables. Fácil es pensar lo peor de las personas para que cuando te fallen no te decepciones demasiado. Fácil es confiarle solo un poco de tí a las demás personas por miedo a que las dejes entrar solo para que terminen perjudicándote. Es mucho mas fácil esperar solo poco de esta vida para que al final de todo no terminemos lastimados esperando que algo más hubiera sucedido. Es tan fácil pensar que cuando alguien te hiere perdonarlos es perder. Pero dejame te cuento una historia verdadera…

Vino un hombre que cambió por siempre el destino de esta tierra. Por años se encargó de amar a las personas, perdonarlas, y darles la clave para poder vivir una vida plena. Una vida que no se puede encontrar en ningún otro lugar. Pero al final de la historia este hombre muere traicionado por una de las personas más cercanas a él. Había abierto su corazón por completo a una persona que terminó aprovechandose de eso para poder traicionarlo. Y este hombre muere. Muere de una manera demasiado injusta, una muerte que simplemente no se merecía. Y ese hombre es Jesús. 

Jesús día a día me perdona a mí. Me tiene paciencia, me recuerda lo mucho que me ama aunque a veces soy la que menos merece escuchar esas palabras. Me ha demostrado un amor incondicional, jamás busca nada a cambio. Por eso mismo yo no puedo ser igual. Yo no puedo amar a medias temiendo a ser lastimada, yo no puedo perder lo suave de mi ser por las asperezas de este mundo. Eso hace la diferencia. El seguir creyendo en algo que parece desaparecer más cada día. El seguir creyendo que un día esta vida terminará pero seguirá una eternidad al lado de Jesús. El que mi vida aquí es solo temporal y no voy a desperdiciar mi vida temiendo a ser decepcionada. Estoy abriendo camino para mis hijos y más que lo que les pueda enseñar con palabras, les estoy dando un ejemplo vivo de lo que puede ser el amor de Dios y no pienso decepcionarlos en eso. Así que decido vivir mi vida siempre reflejando el amor de Dios, que “es paciente y bondadoso.  No es celoso ni fanfarrón ni orgulloso ni ofensivo. No exige que las cosas se hagan a su manera. No se irrita ni lleva un registro de las ofensas recibidas. No se alegra de la injusticia sino que se alegra cuando la verdad triunfa. Nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda circunstancia.”

‭‭1 Corintios‬ ‭13:4-7

Mi hija, ¿mi mejor amiga?


Esta entrada está enfocada hacia las mamás de hijas adolescentes. Ser madre de una hija es algo tan especial. Se forma una conexión inentendible que solo una mamá e hija pudieran comprender. Al fin tienes una mini tú con la que podrás compartir muchas cosas que no podrías compartir con un hijo varón. Sueñas con el día en el que tendrá sus propios hijos y como se entenderán tanto. Pero, ¿cuando estoy cruzando hacia la línea de la amistad y perdiendo mi autoridad como madre? 

Primero definamos lo que es la adolescencia. La adolescencia es el proceso de dejar la niñez para convertirse en un adulto. Es una edad crítica porque en cierta manera la ingenuidad infantil que tenían se está borrando y ahora empiezan a distinguir entre las cosas buenas y las malas, las cosas que les conviene y las cosas que no, como empezar a formar su caracter e identidad. Empiezan a descubrir cosas por si mismas así como comprobar las cosas que sus madres les hemos enseñado por toda su vida. Ahora entienden las razones de los límites que algun día les marcamos como las consecuencias que una mala decisión trae. Y como esta edad es muy crítica e importante, debemos siempre mantener nuestra autoridad como madres. Dios nos ha dado por responsabilidad a nuestras hijas, y un día tendremos que rendir cuentas de ello. La biblia nos afirma la importancia de la disciplina, y que la disciplina significa amor. Porque la disciplina solo busca lo mejor, el mejor camino, las mejores decisiones. Entonces nunca debemos olvidar esto o ponerlo en pausa, es MUY importante. Ahora, tú eres la madre de tu hija. Eres la persona que mas la conoce, que se desveló noche tras noche por ella, la que se preocupa día y noche cuando sabes que algo le está molestando y realmente eres la persona mas importante para tu hija. No seas insegura de eso y pienses que siendo su mejor amiga tendrás un lugar seguro en el corazón de tu hija, porque lo único que pasará es que perderás tu autoridad como mamá y tu hija empezará a perder los límites con los que un día vivió. Comenzarán malas decisiones como por ejemplo; “mi hija tiene prohibido juntarse con ciertas personas o tener un noviazgo pero prefiero que no me lo esconda entonces la dejo” o “mi hija tiene prohibido ir a fiestas donde habrá alcohol, pero si invita algunos amigos a la casa si pueden tomar poquito, porque prefiero que lo haga aquí que aya”. NO. Es una doble moral. Realmente el límite que se ha intentado imponer es basura. No sirve de nada. Debes mantener la firmeza. Entiendo que no es tan fácil, entiendo que quizá estás pensando que si le dices que no, te aplicará la ley del hielo. No te preocupes. No te desanimes. Recuerda que lo estás haciendo por su bien. 

Pero ahora, vámonos al otro extremo. No solo seas una mamá que convive con su hija solo para disciplinar. Que los momentos que intercambian palabras no sean solo los momentos en los que hay un regaño o un reproche. También nuestras hijas anhelan una relación con su mamá donde pueden platicar y reír, llorar y abrazar. Donde pueden salir juntas de compras e intercambiar sus gustos por la moda. Recuerda que hace no tantos años tu hija dependía totalmente de tí, y no podía hacer nada sin tí. Y se que es un poco complicado esto porque ahora que regañas a tu adolescente no se encontenta luego luego como lo hacía cuando tenía 5 años. Pero aún dentro de ella están los recuerdos de todo el tiempo que pasaban juntas y está un deseo por tener una relación con su mamá. Porque antes y después de todo mamá es la confidente número uno, la persona mas fiel del mundo, y la persona que mas nos ama en este planeta tierra. 

Así que mamás, ocupas un lugar muy importante en la vida de tu hija. El lugar que Dios te dio en su vida nadie lo podrá reemplazar. Entonces ahora te estarás preguntando, ¿soy la mejor amiga de mi hija o a lo mejor solo soy la autoritaria? No. Eres su mamá. Y no hay nada mas especial que eso. 

Para mis amigas:


En honor a este día que es festejado por muchas quiero dedicar esta sección a aquellas amigas que son a prueba de fuego, que son mas fieles que un hermano, y que son una fuente de vida. 

“Quien encuentra un amigo fiel, encuentra un tesoro.”

He tenido la gran bendición de contar con personas tan increíbles en mi vida. Son mis amigas. Les digo bendición porque estoy cien por ciento segura que Dios nos unió; para reír, para darnos consejos, para abrazarnos cuando lloramos, para celebrar los triunfos y acontecimientos que hemos vivido. Y podemos ver que Dios ama la amistad. El dio su vida por sus amigos y podemos dar gracias a Dios por este atributo de amistad que nos dio a cada uno de nosotros. Estoy segura que a Él le place ver que tenemos amistades por las cuales también daríamos nuestra vida. “Este es mi mandamiento: ámense unos a otros de la misma manera en que yo los he amado. No hay un amor más grande que el dar la vida por los amigos.”‭‭ Juan‬ ‭15:12-13‬ ‭NTV‬

“Para alegrar el corazón, buenos perfumes; para endulzar el alma, un consejo de amigos.” ‭‭Proverbios‬ ‭27:9‬ ‭DHH‬‬

Dicen los científicos que hay 50% mas probabilidad de sobrevivir a este mundo al lado de buenos amigos. Sir Francis Bacon dijo alguna vez que “la amistad duplica las alegrías, y divide las angustias por la mitad.” Los amigos leales son mejor que un hermano, ¿y como podemos vivir esta vida sin una amistad como esta? 

Y por eso a mis amigas;

Gracias por el consejo honesto que me diste sabiendo que a veces decir la verdad, no es tan fácil. 

Gracias por escuchar las quejas las frustraciones y sentirte igual de triste que yo.

Gracias por atender nuestra amistad cuando a veces yo no la atendía.

Gracias por animarme cuando mas lo necesitaba.

Gracias por celebrar cada acontecimiento de mi vida como si fuera el tuyo.

Gracias porque era mas fácil para las dos quedarme donde estaba y sin embargo te despediste con lágrimas en tus ojos sabiendo que lo mejor estaba en el siguiente capítulo. 

Y mas que nada, gracias por ser siempre fiel. 

Una amistad leal y duradera se tiene que cuidar. Dice un dicho, “algunos creen que para ser amigos basta con querer, como si para estar sano bastara con desear la salud.” Una amistad se fomenta. Una amistad requiere de nuestro tiempo, de nuestra confianza. Para tener un gran amigo también hay que serlo. Así que en este día, si te encuentras dandole gracias a tu amiga por gran amistad o quiza te has dado cuenta que tienes una amistad un poco descuidada, te invito a que vayamos siendo esas amigas que hacen que la vida sea mas fácil de vivir, hacen que todos volteen en el restaurante por las risas que aturden, y hacen que este día del amor y la amistad sea de nuestros favoritos.